lunes, 11 de mayo de 2015

Querida Ann

Querida Ann:

Te escribo esta carta por que no se de que otra manera acercarme a ti, te siento a cada minuto, me acompañas siempre a donde voy, estas conmigo de día y de noche y aún así te siento ajena a mi, tan lejana, tan distante...

¿Sabes? desde hace tiempo, cuando llegaste a mi vida he querido decirte lo que siento por ti, al principio no me daba cuenta de tu existencia, después, cuando me percaté de que existías comencé a dudar acerca de ti, ¡y es que tienes mil versiones de ti misma!, no sabía como hablar de ti a mi familia y amigos o si debía simplemente mantener una relación en secreto contigo y como sabes, elegí esta última opción, no me mal interpretes, no quiero que te ofendas por que se que cuando te enojas puedes llegar a ser realemente muy fuerte y amenzadora, es solo que no sé cómo hablar a los demás de ti, ¿qué pensarán mis padres y mis hermanos? seguro me mandarán directo al manicomio si saben que tengo una relación tan estrecha con alguien como tu, pero es que te necesito, no puedo dejarte ir y cuando no estas cerca de verdad te extraño, me duele admitirlo pero creo que me he vuelto dependiente de ti.

Te dejo esta carta para que la leas en la noche cuando vuelvas, espero que después de leerla nuestra relación cambie y mejore mucho.

Tu inseparable compañero, Ian. 

Una vez que Ian hubo terminado de escribir la carta la cerró con cuidado y con manos temblorosas y sudorosas la colocó junto a su cama, donde sabía que Ann vendría a buscarlo ya muy entrada la noche para despertarlo.

A la mañana siguiente, cuando Ian abrió los ojos, se percató con sorpresa de que por primera vez en muchos días Ann no había venido a visitarlo en la noche, la carta seguía ahí, cerrada como la había dejado y una extraña sensación de alivio con suspicacia lo invadió derrepente.

Se vistió rapidamente, bajó las escaleras de un inexplicable buen humor y al llegar al último escalón, ella estaba ahí, sintió un leve mareo, su corazón se agitó y las manos volvieron a temblarle como la noche anterior lo hicieran al cerrar la carta, claro, tenía que aparecer tarde o temprano, venía para acompañarlo a la universidad y seguirlo obsesivamente como lo hacía día tras día en todas sus actividades. Ian suspiró con resignación y salió de casa camino a la escuela sin siquiera ver que sus padres estaban en la cocina y le llamaban para platicar con él sobre lo que había estado ocurriendo en las últimas semanas.


 Esta es la primera entrega de una obra acerca de un joven si su simbiótica y obsesiva relación con su extraña ¿amiga?, ¿compañera?, ¿pareja? Ann. 
¡No se pierdan las siguientes partes de esta historia que iré publicando en este blog!

 


No hay comentarios.:

Publicar un comentario