lunes, 11 de mayo de 2015

Cartas para Ann 2

Cuando Ian llegó a la escuela estaba realmente enojado, sentía un coraje por dentro que le quemaba como fuego y es que su relación con Ann ya no podía seguir, estaba martirizándolo todo el día, por culpa de ella había dejado de jugar futbol aún cuando era el mejor del equipo, simplemente ella era tan absorbente que no lo dejaba ir a los entrenamientos, le llenaba la cabeza de ideas locas, de miedos y todo para manejarlo y chantajearlo a su antojo. 

También había dejado de salir con sus amigos y sentía que si alguna chica se acercaba a él Ann inmediatamente la podría en su lugar y la haría huir. 

Cada vez lo dominaba más, lo seducía más y hacía que la necesitara más, era una relación realmente enferma, Ian lo sabía, no quería saber más de ella nunca, recordaba con melancolía el tiempo en que era libre y podía ir y venir, ser y no ser a su antojo, ahora estaba en todo momento acompañado por ella, sumiso a sus caprichos, esto lo molestaba terriblemente, pero tampoco sabía como alejarla, no quería hacerla enojar, en el fondo le tenía miedo.

Así es, la mente de Ian era una mezcla de miedo con enojo, tristeza y melancolía e incluso envídia de todos los que podían ser felices y vivir su vida a su antojo sin tener que cargar con una Ann a todos lados. 

Esa tarde, cuando regresó de clases sus padres lo esperaban para hablar con él.
-Ian, estamos preocupados, todos en la casa sentimos que estas un poco.... un poco distante de nosotros, ya no sonries, tienes esa expresión rara en la cara que no te conocíamos, ¿qué te está sucediendo? - comenzó su madre
- Nada - respondió Ian con todo cortante
- ¡No digas que nada!,¡algo te pasa y nos lo vas a contar ahora mismo o si no lo averiguaremos como sea, ¿oiste? como sea! - gritó su padre golpeando con el puño la mesa del comedor que sonó como un auténtico terremoto en los oídos de Ian, lo sobresaltó y si, como siempre lo hacía su padre, lo atemorizó.

Y es que el padre de Ian siempre había sido muy explosivo, dominante, no quería oír explicaciones ni excusas de nada ni nadie, solo quería resultados positivos en todo y los quería para ¡ya!. Sus explosiones marcaron de manera profunda la personalidad de Ian, vivía con temor, le guardaba un respeto excesivo y había aprendido que hacer equipo con sus hermanos y su madre lo mantendría a salvo de las erupciones de ira frecuentes que terminaban en golpes y manotazos por parte de su padre. 

- ¿Qué quieren que les diga? - respondió Ian con impaciencia - si no me pasa nada, no me pasa nada y punto, ¿o prefieren que les invente un cuento para dejarlos tranquilos?
- Solo queremos ayudarte hijo - continuó con delicadeza su madre
- Aquí nadie puede ayudarme mamá - respondió Ian con melancolía dando media vuelta para encerrarse en su  habitación.

¡Que bueno que Ann no presenció no esa discusión! pensó Ian sentado sobre la cama, quien sabe cómo hubiera reaccionado y puede ser muy violenta, si se siente amenazada es capaz de muchas cosas. Y aunque la plática con sus padres no surtió el efecto que ellos hubieran esperado, algo se movió dentro de Ian, se dió cuenta de que no podía seguir, necesitaba liberarse de Ann y mientras más pronto sería mejor, así que ideó hacer todo aquello que a ella le molestaba para ver si la ahuyentaba, arriesgándose a que se enojara y lo esclavizara más, pero era un riesgo que estaba dispuesto a correr.

Esa misma tarde quedó de acuerdo con sus amigos para ir a jugar videojuegos a casa de uno de ellos, eso sí que le molestaría a Ann y le haría ver que no la necesita, que tiene su propia vida,  esperaba que ella se diera cuenta y le diera un poco de espacio para variar, cada vez más sentía que no lo dejaba respirar y cuando pensaba en ella, una opresión en el pecho le recordaba que él no podía estar sin su compañía, sin sus ideas, sin sus temores que ya había adoptados como propios. 

Mientras más se acercaba la hora de salir de casa sin Ann los nervios se iban a poderando de Ian, sentía una leve taquicardia y le sudaban y temblaban las manos, tenía miedo de toparse con ella, de que le arruinara la noche, pero lo que más le atemorizaba era que sus amigos la vieran y se dieran cuenta de todo lo que puede hacer y el efecto que genera en él. Sentía vergüenza solo de pensarlo.

Con prisa salió de su casa, quería llegar donde su amigo lo más pronto posible, estar el menor tiempo en la calle para no encontrarsela ahí, se sentía mareado, sudaba, piernas y brazos temblaban con intensidad, cuanto más cerca se sentía de casa de su amigo más tranquilo se sentía o mejor dicho, menos tenso y ansioso, pensaba repetidamente: "voy a lograrlo, no pasará nada, voy a lograrlo, ya casi llego" y por otro lado también pensaba: "distraete con otra cosa, ella no existe, no te conoce ni tu a ella, piensa en otra cosa, ¡piensa en otra cosa!"

Y así, con esta montaña rusa de emociones y sentimientos llegó Ian a casa de su amigo, solo para ver que Ann lo esperaba ahí, en la puerta de acceso y no estaba nada feliz de que la hubiera querido dejar fuera de su plan de chicos.


Esta es la segunda entrega de una obra acerca de un joven si su simbiótica y obsesiva relación con su extraña ¿amiga?, ¿compañera?, ¿pareja? Ann. 
¡No se pierdan las siguientes partes de esta historia que iré publicando en este blog!




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