Ian se había sentido mal todo el camino por estar en la calle solo, sin ella, esperaba sentir alivo al llegar a algún lugar seguro como la casa de su amigo, pero al comprobar que Ann lo esperaba ahí simplemente no pudo más, perdió el control, un vértigo repentino le hizo perder el equilibrio, el miedo se apoderó de él, sintió la descarga fría de adrenalina recorrer su cuerpo de arriba a abajo, tuvo que recargarse de la pared para poder atinar al timbre, las manos le sudaban y temblaban, logró finalmente llamar a la puerta, no tardaron mucho en abrir pero ese tiempo para él fue una eternidad, pensamientos angustiantes invadían su mente mientras tratata de ignorar la presencia de Ann, trataba de disimular para que sus amigos no lo vieran en ese estado tan....deplorable.
"No está aquí, no esta pasando esto... voy a perder el control, voy a desmayarme, tengo miedo, debo salir corriendo de aquí" se repetía una y otra vez, la sensación iba en aumento y la ansiedad era cada vez mayor.
No pudo más, se disculpó como pudo en cuanto le abrieron la puerta y salió corriendo de vuelta a su casa, su respiración era cada vez más agitada, escucharla y sentir el ritmo acelerado de su corazón solo lo alteraba más, no miraba atrás, pero sabía que Ann iba corriendo muy cerca de él, podía sentirla.
Después de ese día las cosas solo podían empeorar para Ian, decidió no salir más de su casa, ni para ir a la escuela ni para ver a sus amigos, tenía miedo de toparse con Ann y que lo encontrara solo, en la calle, indefenso y que nadie lo ayudara. Solamente salía en caso de que no tuviera otra opción y si iba acompañado de alguien, alguien que podía ser su madre, porque en lo que respecta a su padre y hermanos, no lo ayudarían jamás si le sucediera algo así como el episodio en casa de su amigo, pero su madre era diferente, ella lo atendería con amor maternal y lo protegería.
Una tarde, encerrado en su cuarto, el cual era para Ian el lugar más seguro del mundo, escribió otra carta para Ann.
Ann:
No se por donde empezar esta carta, quiero decirte que estas acabando conmigo, con mi vida, con mi felicidad y ya no lo soporto más, siento que me asfixias, tengo miedo de encontrarte y cuando no estas cerca de mi no puedo pensar en otra cosa, todo me recuerda a ti. Estoy empezando a enfermarme, creo que necesito ayuda, tal vez un doctor o un psicólogo me ayude, no lo se, y es que no sé que es lo que siento cuando estas cerca y tampoco sé lo que siento cuando no estás, todo es tan confuso, tan pesado, tan....agobiante. ¿Por qué no lo entiendes? ¿por qué no me dejas en paz y vas a molestar a otro? ¿qué hice para que me eligieras a mi?.
Debes estar muy orgullosa del poder que tienes sobre mi, de todo lo que has logrado, ahora ya no soy yo mismo, todo que hago o dejo de hacer gira en torno a lo que tu quieres, a lo que te molesta más o a lo que te disgusta menos. He llegado a pensar que la que necesita una buena terapia eres tu, si tu, que ni siquiera te pones a pensar en el mal que me has hecho y no te importa, sigues apareciendo en mi casa día y noche, incluso de madrugada ¿por dónde te metes?, me despiertas mientras duermo, me interrumpes mientras como, mientras descanso, mientras hago lo que sea.... ¡Basta, lárgate de mi vida, te odio, te odio!
La letra de Ian se iba desfigurando cada vez más hasta volverse casi incomprensible, presionaba la pluma con ansiedad remarcando los signos de puntuación, sentía que descargaba toda su ira sobre el papel y al final, algunas palabras se habían borrado por las lágrimas que caían de sus mejillas.
Estaba decidido, al siguiente día sin esperar uno más, tomaría una resolución para dar fin a esta enferma relación, lo que no sabía es que esto apenas comenzaba.
¡No se pierdan las siguientes partes de esta historia que iré publicando en este blog!